Como buen entomólogo, Vladímir Vladímirovich Nabókov decía que las novelas no debían caer en la didáctica ni los lectores en la empatía con el personaje.
Como buen entomólogo (en la década de 1940 estuvo a cargo de la colección de mariposas de la Universidad de Harvard), Vladímir Vladímirovich Nabókov (San Petersburgo, 22 de abril de 1899 – Montreux, Suiza, 2 de julio de 1977) decía que las novelas no debían caer en la didáctica ni los lectores en la empatía con el personaje.
En realidad, le pedía al lector que tuviera sus propias apreciaciones estéticas y le prestara atención a los detalles del estilo. Así, por ejemplo, afirmaba que si se leía el \”Ulises\”, de James Joyce, era necesario tener a mano un mapa de Dublín, pero no hacía falta conocer la mitología y la historia de Irlanda.
Este escritor ruso, nacionalizado norteamericano luego de la revolución bolchevique, tuvo una educación de clase alta y aprendió inglés antes que la lengua de sus ancestros. En 1919, su familia se exilió en Alemania e ingresó a estudiar en la Universidad de Cambridge. Su odio al mundo soviético terminó de afianzarse no bien su padre fue asesinado en 1922, al parecer por extremistas de su país.
Sus primeros libros fueron escritos en ruso, aunque recién tuvo éxito con la novela en inglés \”Lolita\” (1955), un retrato de la hipocresía estadounidense a través de la metáfora del viaje, en cuya trama un hombre de mediana edad sostiene una relación enfermiza con una adolescente de 12 años.
Otras de sus novelas como \”Pálido fuego\” (1962) y, sobre todo, \”Ada o el ardor\” (1969) terminaron de cimentar su fama como uno de los grandes escritores del siglo XX. Nabókov es famoso por los argumentos complejos, sus juegos de palabras y el uso de la aliteración poética (la repetición de fonemas similares) en la prosa.
Además, fue crítico y traductor: su trabajo sobre \”Eugenio Oneguin\” de Aleksandr Pushkin, con sus \”Notas de prosodia\” son un ejemplo de programa literario. También encaró el trabajo de traducción de sus propias obras, en colaboración de su hijo Dmitri.
Algunos críticos le reprocharon ser \”un esteta\” que le presta excesiva atención al lenguaje y no a la historia o sus personajes, sin duda una exageración.
Por José Luis Cutello

