Un micromundo turístico y productivo

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Es un atractivo sector de la Cordillera de los Andes, cerca de El Bolsón, en el que su belleza de montañas, lagos y glaciares se conjugan con una veintena de refugios y puestos productivos.

Por Giselle BUGGE (Télam).- El Cajón del Río Azul es un atractivo sector de la Cordillera de los Andes, ubicado cerca de El Bolsón, en el oeste de Río Negro, en el que su belleza de montañas, lagos y glaciares se conjugan con una veintena de refugios y puestos productivos donde el senderismo y el agroturismo son una gran fuente de recursos para sus antiguos pobladores.

El destino es una trama de senderos que nace en Esquina Polaco-Chacra Wharton, a 16 kilómetros al norte de El Bolsón, establecimiento de una estancia con una producción diversificada, que además de provisiones para los caminantes cuenta con un restaurante, espacio para acampar y recorridos cercanos.

Desde allí se puede acceder por distintos senderos a 12 refugios de montaña con buenos servicios, visitar chacras productivas o alojarse en encantadoras hosterías.

“En cada uno de estos establecimientos las familias esperan al visitante para compartir su espacio, sus producciones, historias y experiencias”, expresó a Télam la directora de Turismo de El Bolsón, Sofía Seroff.

La funcionaria describió el circuito destacando que es “el único en Sudamérica con este número de refugios y opciones de visita e interacción, incluso puede recorrerse por completo en una semana y conocer hasta los puntos más alejados”.

“Es lo que la gente busca cada vez más, lugares poco transitados, donde intercambiar con los locales, y donde encuentran a personas que quieren trabajar con los visitantes, compartir sus costumbres y ofrecerles sus productos”, señaló.

La Esquina Polaco-Chacra Wharton es uno de los lugares más conocidos y visitados desde la primavera al otoño, dentro del Circuito de Mallín Ahogado. Allí comienza la caminata o cabalgata, según las preferencias de los visitantes.

En ese lugar las familias de antiguos pobladores Wharton y Matalaszuk (de ahí el nombre del lugar) ofrecen en sus paradores y restaurantes la posibilidad de disfrutar de productos caseros elaborados, ya sea con carne vacuna o vegetales de huerta, y también la posibilidad de comprar alimentos no perecederos.

El lugar está a cargo de Mariana Ortiz, esposa de Hugo Wharton, quien describió el “punto de referencia histórico” del circuito.

“Esto nació cuando Thomas Ellaby Wharton fundó -con su esposa Salomé- la chacra hace casi 70 años. Ellos criaban vacas donde están ahora los refugios, y las arriaba por el bosque hasta Bariloche para venderlas en la estación del tren, para su traslado a Buenos Aires”, rememoró la mujer.

El establecimiento quedó luego en manos de su hijo Hugo, quien construyó el parador de montaña que hoy recibe a los visitantes y los asiste para que “puedan disfrutar de un paseo seguro” además de abastecerse con productos caseros como jamones, cerveza artesanal, escabeche, dulces, licores y otros.

El lugar también recibe exposiciones artísticas, como la colección de tallas en madera del artista y escultor Ernesto Bertedor, quien en un bosque cercano tiene un paseo con la exhibición de otras 40 piezas de hadas, duendes, seres mitológicos a los que consideran guardianes de la naturaleza, en un paseo al que se accede pagando una módica entrada.

Entrando a los senderos que llevan a los refugios, cerca del río Blanco en su unión con el Azul, a media hora de marcha, está el Centro Holístico “La Confluencia”, un lodge donde su dueño Mark Jordan ofrece un espacio ideal para quienes buscan descanso.

A 3 kilómetros de allí, por un camino de autos que lleva al cerro Perito Moreno, se accede al refugio Encanto Blanco, un lugar hermoso con un entorno de bosque nativo. El refugiero Yayo Tilleria, nacido y criado en la misma costa del río Azul, espera a los viajeros con un sabroso guiso montañés, pizzas y cerveza casera.

“Recibimos a familias que suelen pernoctar en el refugio o arman alguna carpa en el lugar, además de caminantes que siguen recorriendo la zona a pie”, señaló el encargado.

Caminatas más largas, aunque al alcance de toda la familia, llevan al visitante hasta uno de los recodos más bonitos, el refugio Cajón del Azul, rodeado de bosque y con un sector del río encajonado y turbulento que le da nombre a todo el circuito.

Otra caminata lleva al refugio La Horqueta, cerca del río Rayado, con un imponente mirador, y cerca de ahí está otro de los predilectos de los caminantes, el refugio La Tronconada, a pasos de La Playita, un lugar para disfrutar a pleno del río.

Siguen los refugios Los Laguitos, El Dedo Gordo y El Retamal, que al unirlos el visitante vive experiencias únicas, como el cruce de puentes colgantes de madera, nadar en pozones de aguas cristalinas, llegar a vistas majestuosas de la cordillera y alcanzar algunas cumbres.

Todos los refugios cuentan con capacidad para alojar a decenas de personas, en cuchetas con colchones, y el caminante sólo debe llegar con su bolsa de dormir.

El alojamiento incluye baños completos, algunos con duchas, y un sector de cocina con su correspondiente vajilla para utilizar por los visitantes si quieren cocinarse. También algunos ofrecen comidas elaboradas o pizzas caseras, además de pan, cerveza, jugos y otros alimentos.

“Se busca un formato de turismo de bienestar. Acá sobra naturaleza, actividad al aire libre, opciones de trekking, alimentos orgánicos, y el que viene comparte el trabajo en contacto con la tierra”, explicó la funcionaria municipal de El Bolsón.

 

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