Akinwale Arobieke sembró el temor entre los jóvenes de Liverpool durante más de 20 años por su extraño comportamiento, que llegó a provocar la muerte de sus víctimas.
Akinwale Arobieke es protagonista de una de las historias más extrañas de Inglaterra, aumentada y amplificada por el mito popular del boca a boca que tergiversa los hechos, aunque este real aunque no parezca: Arobieke padecía una obsesión por tocar músculos masculinos.
Sobre él versaban decenas de historias, todas ellas con un denominador común: le gustaba tocar los músculos de los jóvenes de Liverpool.
Los padres de la ciudad incluso amenazaban a sus hijos con que, si se quedaban hasta tarde en la calle, “Aki” vendría a buscarlos, según recolecta testimonios BBC Mundo.
En 1987 fue condenado por la muerte de Gary Kelly, un atlético futbolista de 16 años, el 15 de junio del año anterior.
Aki lo siguió aquél domingo, Kelley -“con el miedo en el cuerpo”, tal como lo describió el juez en el Tribunal de la Corona de Liverpool- decidió esconderse donde pensó que no lo encontraría: en la estación de tren.
Pero no tardó en ver llegar a Aki, y en su huida se metió bajo un vagón y tras tocar el tercer riel, murió electrocutado.

