Diseñada hace más de cinco siglos, la ventilación de la cúpula del domo de Florencia es una rareza.
Ese era el secreto de la ventilación de la cúpula de Filipo Brunelleschi: sus veinticuatro bocas que dan frescura al recinto hasta bajar la temperatura unos diez grados centígrados, una especie de aire acondicionado pero diseñado hace más de 500 años.
La ventilación secreta de la bóveda nos sorprende tanto como la maravilla arquitectónica y de ingeniería que supone la cúpula de paredes curvas con clavos (sí, igual que las joyas) a partir de ladrillos que interrumpió la secuencia de dibujos en forma de espiga.
Se trata de veinticuatro bocas que emiten un aliento fresco. Más allá de este laberinto octogonal, los tejados de Florencia están calientes y tratan de hacer frente a los 34 grados que pueden llegar a sufrirse en el verano peninsular. Del lado interno de la cúpula la temperatura desciende entre 6 y 7 grados y, a veces, incluso 10.
Dentro de la cúpula de Brunelleschi, esos túneles y balcones secretos inaccesibles al público (pero que pueden verse en el video que acompaña esta nota) nos hablan de otra historia, la de una obra maestra que maravilla (la cúpula de ladrillos más grande del mundo) y que con sus 114 metros de altura domina “la ciudad de los lirios”.
El aire acondicionado de Brunelleschi, si podemos llamarlo así con gran respeto, es un sistema de ventilación de doble cavidad que, único en el mundo, da frescura en los veranos más calientes y luego se transforma en un calentamiento natural en invierno. Los veinticuatro orificios donde se difunde el aire, enfrentan el interior de la cúpula con los frescos del “Juicio Final” de Giorgio Vasari y Federico Zuccari, que los pintaron teniendo en cuenta esas aberturas.

