A salvo de adhesiones públicas a las parroquias más difundidas, hostil a las clasificaciones simplistas, el flamante director técnico de la Selección Nacional bien puede ser asociado con quienes se desvelan o merodean el desvelo por un valor con rango de trébol de cuatro hojas: el equilibrio.
El equilibrio y el orden supremo son, en efecto, faros que seducen a Edgardo Bauza, “El Patón”, que le dicen, tal como sabe seducir, inducir y conducir un encantador de serpientes.
En realidad, ningún entrenador de Primera, célebre o ignoto, formulará una declaración de principios en contra del equilibrio y el orden, porque son atributos que atañen a un buen equipo de fútbol y en todo caso porque no queda bien aparecer como un loco suelto, pero en cambio sí cada quien se reservará el derecho de incluirlos allá y acá en su lista de prioridades.
Por ejemplo: a grandes trazos, a César Luis Menotti y sus discípulos los convoca de un modo primordial una pulcra tenencia de la pelota y a Marcelo Bielsa y sus discípulos lo que dan en llamar “el protagonismo”, sin que unos desdeñen el protagonismo y otros desdeñen la redondez de la pelota.
Bauza, en cambio, según se desprende de cómo han jugado y cómo juegan sus equipos, que es ahí donde se
expresan las ideas de un entrenador, es insospechado de ponderar las vertientes estéticas del juego y el único
protagonismo que procura es el del equipo que cada vez, en cada partido, en cada circunstancia, despliega sus herramientas en pos de ser superior a su adversario de turno.
Eso supone que si tiene que fomentar defender con mucha gente lo hará sin hesitación y sin
rubores.
Dicho de otro modo, Bauza va por la vereda opuesta a la de los propietarios del buen gusto y los abanderados del fútbol “ofensivo”: ahí andan, ahora mismo, las redes sociales, pobladas de escandalizados por la llegada del coach rosarino.
Desde esa perspectiva, y dale con las parroquias, el perfil de Bauza consiente con mayor detalle y contigüidad que sea asociado con Carlos Salvador Bilardo y las diferentes variantes de sus herederos conceptuales.
Digámoslo así: está mucho más cerca de Alejandro Sabella que de Jorge Sampaoli.
Pero ojo: admitido lo tentador que es deslizar que la Selección ha pasado a manos de un DT bilardista, habría que tener mucho cuidado con ver en Bauza siempre lo mismo, en despreciar toda disonancia y todo matiz.
No todos los equipos de Bauza han sido tirados a la cancha con papel carbónico: su Rosario Central inaugural era un equipo mucho más agresivo que el San Lorenzo campeón de América y su Liga Deportiva de Quito que hizo historia en Ecuador disponía de mayores variantes ofensivas que el San Pablo que acaba de llegar a las semifinales de la Libertadores.
Al Bauza de la Selección no lo conocemos y como no lo conocemos la pregunta del millón apunta a qué hará y cómo hará para armar una Selección con estructura, oficio, inteligencia y presencia en posesión de un copioso menú que incluye muchos futbolistas buenos y al mejor entre los mejores.
Va de suyo, pues, que para que la nueva Selección dé un salto de calidad Bauza afrontará el desafío de ser mejor que sí mismo y eso implicará, entre otras cosas, que no confunda los recaudos defensivos con la paz del cementerio ni la ductilidad para trabajar cada partido con la nociva perplejidad de quien no sabe cómo administrar su riqueza.
*Columnista de la agencia de noticias Télam

