Un estudio evidenció cómo la publicidad refleja el \”síndrome de Peter Pan\”, aceptado en los varones pero con una mirada crítica hacia las mujeres.
El “síndrome de Peter Pan”, que se refiere a quienes han alcanzado la edad adulta pero que son incapaces de encarar sentimientos y responsabilidades adultas, está mucho más aceptado en los hombres que en las mujeres.
Un estudio realizado por el Instituto de Ciencias Sociales de la Fundación UADE reflejó las diferencias según el sexo sobre cómo se vive el paso de la adolescencia a la madurez y el marketing que se hace de ello en los avisos publicitarios.
Según el informe, se percibe el futuro y la adultez como una “amenaza a disfrutar la vida”, un “encarcelamiento” porque “las responsabilidades te invaden” ya que madurar traería aparejada la necesidad de un sacrificio que la mayoría no estaría dispuesta a asumir.
En cuanto a la crianza, las mujeres manifestaron que a los hombres se les “exige menos” y los hombres que las mujeres “se preocupan demasiado”. Tanto hombres como mujeres declaran que el sexo masculino “vive el momento” y que el sexo femenino “piensa demasiado en el futuro”.
La mujer declara sentirse más “presionada” por sus familias y la sociedad, mientras que el hombre dice que se puede ser inmaduro pero “socialmente responsable”.
A pesar de que subyace una idea social de que “la juventud está perdida”, la mayoría concuerda que esto no es tan así aunque asumen la falta de compromiso e involucramiento de muchos jóvenes en las cuestiones cotidianas e importantes de la vida.
Se evidencia una determinada mirada social sobre las expectativas que se tienen sobre los hombres y las mujeres: éstas últimas manifestaron ser condenadas por las mismas razones que los hombres son condecorados.
Los hombres, por su parte, expresaron que si bien esta mirada social existe, “al hombre no le importa tanto” y que es la mujer la que requiere de aprobación constante de todo su entorno, lo que es reflejado en muchos avisos publicitarios.
Tanto hombres como mujeres consideraron que en las publicidades se llega hasta la ridiculización del hombre. Sin embargo, ellos no se sienten ofendidos por este estereotipo de inmadurez y falta de responsabilidad que muestran, sino que dicen sentirse identificados y que por eso les causa gracia, afianzando su “ser hombre” y cierto machismo: “Al plantearlo así la publicidad, ellos no llegan a tomar conciencia de que son inmaduros y vagos, al contrario, se ven cancheros”. Para las mujeres, “el hombre quiere seguir siempre como a los 15 años.”

