¿Tenemos prejuicios inconscientes sobre género y trabajo?

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“Su resultado es descrito como una ligera asociación automática del hombre con la carrera profesional y la mujer con la familia”. Para un hombre que se autodefine como feminista y que ha trabajado la mayor parte de su vida profesional el tema de la igualdad de género, mi resultado en el Test de asociación implícita sobre género y carrera profesional (en inglés, y que te invito a tomar -se necesita teclado-) fue devastador y muy revelador. Y no soy el único: el 75% de las personas que lo han hecho muestra, en un grado u otro, estos mismos prejuicios.

Lo cierto es que los estereotipos y las normas de género nos influyen más de lo que pensamos, y esto es especialmente cierto cuando hablamos de mercados laborales y carreras profesionales.

Las mujeres siguen teniendo más probabilidades de trabajar en sectores y ocupaciones con una menor remuneración, y esta segregación ocupacional explica en parte la brecha salarial que se observa entre hombres y mujeres. Algunos estudios pioneros realizados en Estados Unidossugieren que las diferencias de género en ocupaciones y sectores son, de hecho, el factor medible más importante para explicar la brecha de género salarial, pero queda mucha investigación que hacer sobre este tema en los países en vías de desarrollo.

Buscando respuestas
¿En qué medida las elecciones que hacen las mujeres sobre ocupaciones y sectores laborales son el resultado de una decisión consciente de trabajar allí donde existe más flexibilidad para combinar carrera profesional y responsabilidades domésticas? ¿En qué forma las brechas salariales o gananciales se deben a prejuicios inconscientes contra las mujeres a la hora de contratar o promocionar? ¿Y en qué grado las mujeres, ya sea consciente o inconscientemente, se autolimitan a ocupaciones más femeninas? Las respuestas a estas preguntas son esenciales para formular respuestas políticas inteligentes.

¿Pueden los incentivos económicos combatir prejuicios inconscientes al alentar a las mujeres a examinar de forma más consciente sus opciones profesionales, evitar opciones predeterminadas que se ajustan a las normas sociales y elegir trabajos mejor pagados? Un experimento realizado en Kenia encontró que informar a las jóvenes sobre los rendimientos futuros de formarse en diferentes áreas -complementado con vídeos inspiracionales sobre mujeres exitosas en ocupaciones tradicionalmente masculinas- las llevaba a elegir formación en ocupacionesmasculinas mejor pagadas. El BID está llevando a cabo una intervención similar en colaboración con la Secretaría de Educación Pública de México.

Conseguir que las mujeres participen en cursos de formación para realizar trabajos con mayores salarios es, por supuesto, sólo el primer paso. Necesitan además completar dichos cursos y no abandonarlos debido a un entorno hostil o a la falta de modelos femeninos. Y después tienen que dar el salto a un empleo bien remunerado y a una carrera exitosa.

Para algunas mujeres, el problema es la productividad y las ganancias. Pero para otras la cuestión es más básica: la participación per se.

Aunque la tasa de participación femenina en América Latina y el Caribe ha aumentado del 45,5% en 1995 al 53,8% en 2014, el mayor aumento de cualquier región del mundo, lo cierto es que sigue estando 26 puntos por debajo de la tasa de participación masculina. Y desde 2012 se ha producido una desaceleración en la tasa de actividad de las mujeres en la región.

Parece que hemos alcanzado las ganancias fáciles, y que los incrementos adicionales requerirán abordar las limitaciones estructurales que siguen limitando la participación de las mujeres, así como el acceso a cuidados para niños y ancianos.

El empoderamiento económico de las mujeres sigue siendo un reto en América Latina y en todo el mundo, y esta es precisamente la razón por la que más de 200 expertos de los sectores público y privado, los gobiernos, la sociedad civil y los bancos multilaterales de desarrollo se reunieron los días 7 y 8 de junio en Washington DC para asistir a la Cumbre Global de Género 2016 sobre empoderamiento económico femenino. Este evento nos permitió compartir los nuevos avances, lecciones aprendidas, desafíos emergentes y mejores prácticas en la promoción de la autonomía económica de las mujeres en todo el mundo.

El autor es Jefe de la División de Género y Diversidad del BID. Antes de incorporarse al Banco, trabajó en el Banco Mundial como economista principal del Grupo de Género y Desarrollo y como coordinador regional de género para América Latina y el Caribe. También ha trabajado como profesor asociado de economía en la Universidad de Tulane (EE.UU.) y la Universidad de Nuevo México (EE.UU.). Morrison ha escrito libros y artículos relacionados con la igualdad de género, la migración internacional, los mercados laborales y la prevención de la violencia. Tiene un doctorado en Economía de la Universidad Vanderbilt (EE.UU)

* Esta columna fue originalmente publicada en el blog ¿Y si hablamos de igualdad? del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

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