Mientras el senador por Vermont Bernie Sanders anunciaba el miércoles a la noche que despediría a cientos de trabajadores de su comando de campaña, el senador por Texas Ted Cruz intentaba dar un golpe de efecto nominando a la ex CEO de Hewlett Packard, Carly Fiorina, como su compañera de fórmula.
Ambos saben, casi con resignación, que a menos que ocurra lo inesperado, Hillary Clinton y Donald Trump serán, probablemente cuando se celebren las elecciones en California, el 7 de junio, los aspirantes presidenciales demócrata y republicano, respectivamente, para los comicios de noviembre.
Ambos, Cruz, y Sanders, intentarán un último esfuerzo en el mes que resta, pero es poco probable que logren su objetivo tras las elecciones de este martes, que consolidaron por amplio margen el liderazgo del magnate inmobiliario y de la ex secretaria de Estado.
Así las cosas, y consciente de que deberá enfrentar a una candidata sólida intelectualmente y preparada por años de gestión pública –más allá de lo que se opine de esa gestión-, Trump ha empezado discretamente a despedir consultores y asesores y a contratar nuevos y experimentados operadores políticos que comienzan a poner orden lo que hasta ahora ha sido una campaña que, calificada generosamente, podría describirse como caótica.
En este contexto, Trump decidió este miércoles bajar el tono, el volumen de la música, y usar dos "teleprompter" (tras haberse burlado de los políticos que los emplean en sus discursos) para, por primera vez, articular lo que sería su política exterior.
En un acto perfectamente escenografiado, con fondo oscuro y banderas de Estados Unidos, Trump explicó qué quiere decir cuando dice “America First” (América Primero)
En palabras del candidato, "los Estados Unidos van a ser fuertes otra vez; van a ser grandes otra vez" (...) "Vamos a tener por fin una política exterior coherente, basada en los intereses estadounidenses y los intereses comunes de nuestros aliados".
Tras afirmar que sus grandes capacidades de negociación le permitirán relanzar la relación entre EEUU y Rusia, empantanada en varios puntos de conflicto pero particularmente en Ucrania y Siria, Trump atacó a Clinton y al presidente Barack Obama por haber “debilitado” al país en Medio Oriente, donde las vacilaciones de la Casa Blanca permitieron que de las cenizas del conflicto con Irak naciera el monstruo de ISIS que hoy ocupa el lugar de Al Qaeda como principal enemigo de Washington en un área que va desde Afganistán hasta el Mediterráneo.
Si algún desprevenido hubiese entrado al salón del hotel donde se llevó a cabo el acto, se hubiese impactado por la voz moderada del candidato, la calmada audiencia y la cuidadosa elección de las palabras empleadas justamente por quien ha construido su campaña en base a golpes de efecto y tuits que han rozado el insulto o la provocación abierta.
"El mundo debe saber que no vamos al extranjero en busca de enemigos, que siempre somos felices cuando los viejos enemigos se convierten en amigos y cuando los viejos amigos se convierten en aliados", agregó. "Eso es lo que queremos: Queremos traer la paz al mundo", aseguró quien prometió construir una pared en la frontera con México y prohibir la entrada de musulmanes al país.
Más que una política exterior coherente, Trump pareció buscar mostrarse presidenciable, centrado y hasta moderado, a sabiendas de que si, como todo hace prever, es el candidato presidencial deberá remontar la pésima imagen que lo persigue desde que inició su carrera a la presidencia.
Obviamente, las críticas, sobre todo los que lo acusan de aislacionista, surgieron tanto desde el lado demócrata como de su propio partido. “Ronald Reagan debe estar revolviéndose en su tumba”, tuiteó Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur.
“El triunfo de este martes lo terminó de convencer de que no le podrán robar la nominación en la convención y que, de acá a California, sumará los delegados que necesita para asegurarse la nominación. Por eso en mayo va a tratar de empezar a parecer más presidenciable aunque al mismo tiempo reforzará lo que le ha dado éxito hasta ahora. Una lengua filosa y un desprecio absoluto por convenciones políticas”, le dijo a www.gacetamercantil.com un asesor demócrata que empieza a trabajar en la campaña de Clinton para después de la convención de ese partido, que se celebrará del 25 al 28 de julio en Filadelfia.
Un Donald Trump moderado puede parecer un oxímoron, pero es mucho lo que está en juego y es obvio que el excéntrico millonario hará lo que pueda para derrotar a Clinton, que tampoco goza de mucha popularidad.
Hoy por hoy los números no favorecen a Trump. Pero en los 40 días que restan hasta California buscará consolidar su triunfo en la convención y después sí, tras el verano boreal, intentar en 90 días de campaña ser elegido presidente de un país en el que las mujeres, los negros y los hispanos sencillamente lo detestan.
Pero los políticos siempre han creído en los milagros. Trump también.